Preludio al sueño
Caen los párpados tras un día prolongado y extenuante, los pensamientos se atropellan y luchan con el silencio por un protagonismo altivo pero corto. Toda mi mente dedicada a ese solo recuerdo, a esa mirada silenciosa, a ese violeta filtrándose por la ventana, a ese árbol solitario, a esa risa escandalosa, a ese recuerdo fabricado sobre un futuro cercano. Mi mente aglutinando las voces sordas que no median, las palabras sinsentido, las frases sueltas. Mi mente recordando sin querer, y luego cuestionando los recuerdos, y luego olvidando sin querer. Te recordé un instante, sin duda, pero he olvidado tu mirada que recorre ahora estas palabras lanzadas al azar. Creo que te recordé justo tras el maullido, pero el ruido del gato en el tejado fue mayor que tu silencio, y te olvidé. Destello rosa, soledades aumentadas en el infinito de las ausencias, y vuelven las voces, ¡así no podré dormir! Los ojos se abren para encontrar el mismo silencio oscuro que antes, un silencio oscuro inespesperado, pero incondicional. Cierro los ojos. Un sueño que había olvidado, un recuerdo de infancia, un momento feliz hace algunas horas. Una botella de vino, y que buen queso, y que gusto estar presente. Un saludo desprevenido entre el ¿cómo sería si... ? y el ¡carajo, debí! Ya me quité los lentes, ya apagué los equipos, todo está en orden. Los recuerdos se agolpan y ninguno se concreta. Más que recuerdos, parecen olvidos asomados a la ventana, esperando su turno de ser oídos. Un prado verde hermoso, quisiera estar allí justo ahora que le veo pasar sin advertir mi presencia, me mira, una mirada en medio de la oscuridad, un sonido lejano, el otoño sobre el concreto, un tren. Una esperanza, una flor, un silencio prolongado y luminoso, algún otro pensamiento nublado.



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