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La Coctelera

Miguel

Categoría: Textos perdidos

14 Abril 2006

Más emociones.

Se nota en mi alma la época de festival. No habiéndo disminuído "el calor del corazón emocionado", ahora la música se ha encargado de imprimir en mi rostro una sonrisa que ya lleva 24 horas y promete muchas más.

Mi noche dió inicio a manos de la siempre hermosa Marta Gómez. No pude sentir mayor grado de alegría, no la emoción insulsa de un fan, sino la felicidad que sus letras, sus músicas, sus bailes y sus goces en el escenario fabrican.

Cada canción hacía más hermosa la noche, y justo cuando, tras 11 canciones 55 minutos (las cuentas no son mías, son de un grupo de señoras sentadas cerca), ya no podía ser mayor la plenitud de mi sonrisa, se encendió la luz de sala y los aplausos se hicieron patentes entre el público que se había puesto en pies.

Intermedio.

Entra entonces, con la fuerza que solo ella tiene, Adriana Varela. Secundada por su trío: un inigualable piano, un bandoneón exquisito y una guitarra exacta, cantó milonga tras tango, y tango tras milonga. Y así, mientras suscitaba melancolías y dichas, ha dicho gracias. ¡Con qué terror se ha recibido la palabrita!. ¡¡MALENA!! dió en pedir el público azorado, ¡¡MALENA!!.

- Está bien, me despido con Malena.

Y no se despidió con Malena, tras cantarlo cantó otro, y otro, y muchos más (desconozco esta cuenta) mientras confesaba su debilidad por "la gente colombiana".

Finalmente, se despidió entre promesas de regreso.

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12 Abril 2006

A las ausencias.

Al principio pensé que escribir a quienes no leerían era inútil, luego pensé que era tan útil como un psicoanálisis. Finalmente noté que sus ausencias eran las únicas siempre presentes.

Cada vez que no estás me lleno un poco de tu olvido. Consigo, algunas veces, olvidarte por completo.

Justo cuando la figura de tu ausencia me cubre de sombras, la luz impune de tu mirada penetra mi mala memoria, y te rehace en ella.

Renaces de mil maneras: Esa informal de lunes en la mañana, con morral en hombros, mochila terciada o libros en la mano. La servicial de sábado al mediodía, que toma pedidos atenta. Aquella impredecible en cuerpo de mariposa. La otra inmaterial, cuya voz al otro lado de la bocina acribilla el olvido.

Renaces cuando muere tu ausencia, y sospecho que entonces nace una nueva. Ha de nacer una ausencia acaso más perfecta que la tuya, porque luego no logro recordar a quién acabo de olvidar. Ha de ser, también, un olvido inmaculado, porque ahora solo pienso en tu presencia.

Cada vez que te recuerdo creo un olvido. Y parece que la juiciosa observación de libros, cine, música, teatro, pinturas y otros génesis de fantasía abonan aún los olvidos más frescos. Algunas veces, sin embargo, socavan aún los más encarnados.

Cuando te recuerdo, me siento culpable por olvidarte. Me excuso por ello, pero recuerda que siempre te pienso cuando pienso en mis olvidos.

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25 Marzo 2006

Bogotá, noche.

Calles solitarias flanqueando mis pasos. Noche de silencios y otras apologías a la soledad.

Pasos incalculables delante, tantos otros detrás.

Acogido en el seno de mi amada Bogotá. Caminé tras la medianoche, tras la primera y tras la segunda hora. Acaso extinguíase la tercera. Vi los autos que luchaban por hacerse recuerdo, tan fugaces que apenas si alcanzaban a ser presente. Las calles ocultas, las lejanas, tras su vestido de neblina. Las cercanas, desnudas. O apenas ocultas tras la máscara gris de quien quisiera parecer de sobriedad absoluta. Tras el gris que oculta las alegrías que acoge, los pasos vivaces, las músicas diversas, los recuerdos hermosos.

Y las plantas. Los colores que luchan por romper el gris. Los verdes brillantes, y los claros, y los oscuros. Y las formas, y las hojas danzantes y las flores. Las flores romance o las flores recuerdo. Las flores vida y las flores sueño. Y ensueño. Las diversas. Las pentámeras violáceas de estambre geniculado, o simplemente la florecita morada que tanto me gusta. La florecita morada que tanto me gusta, o simplemente la pentámera violácea de estambre geniculado.

Las hojas que acarician el rostro cuando no acarician la brisa. La lluvia tenue que recuerda el frío. El frío que recuerda el cuerpo propio. Ese que camina lento para que no se acabe nunca el camino. Y recueda el vestido, ese que va de la boina gris a los zapatos negros pulidos. Ese del gaván oscuro, del pantalón de pana negro. Ese que que tiene un zapato embarrado, al borde. Ese impecable que se niega a usar paraguas y lo conserva cerrado, será por miedo al olvido.

La lluvia tenue que acaricia el cuerpo, y luego los pasos, y luego las calles.

Los infinitos momentos juegan a ser eternos, o infinitamente divisibles. La ciudad aprende rápido, también quiere ser infinita. No se conforma con las calles, además reclama que la vereda sea una y la vía otra. La acera tampoco es conforme, resaltan sus luces, ya desde faritos bajo los pasos, ya desde focos en los postes sobre las miradas. Resalta los pasos frescos que imprimen agua. Se elevan los kikuyos cortos bien podados, aunque se elevan más los cuidados arbustos, y más los árboles azarosos pero rectos.

Las ventanas recuerdan más historias...

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16 Enero 2006

1, I.

Fui a ver El milagro de Bern, bella película alemana que cuenta de forma sencilla la historia de un pequeño de incontenible afición por el fútbol. Salí de Granahorrar, pues se proyectaba en el Av. Chile, y tomé un autobus, justo en frente. En el autobus se acomodaban aún un par de amigas, una de ellas llamó mi atención por su belleza inexplicable. Tomé asiento cerca de ellas, saqué Harry Potter and the Prisoner of Azkaban y leí.

Cerca de mi casa (un par de cuadras antes de llegar) ella tomó sus cosas, así que yo guardé mi libro y bajé del bus, guré media vuelta justo para encontrar su mirada y la mía en una sola, extendí mi mano, ella la tomó con una sonrisa que acaso aumentaba su indecible belleza.

Su suave mano sobre la mía apenas si apoyó su peso para bajar en un paso sutil como la brisa. Torné. Rota la mirada caminé adivinando su camino delante de ella, pero en la vereda opuesta. Caminé y observé las plantas de los jardines, inicialmente como excusa, luego seducido por sus formas. Le miraba de reojo sin hablarle, crucé la calle, seguía mirándole con discreción una vez por jardín. A media cuadra, desapareció.

Podría utilizar cientas de excusas por no abordarle, podría decir que una inseguridad inexplicable forzó mis pasos siempre delante suyo. Que mi interés no era suficiente; que solo era un juego. Que mi cobardía.

Lo cierto es que desconozco la razón. Quzá fue la solemnidad del momento, un recuerdo guardado sin mácula. Quizás barajé en los 2 infinitibles minutos los infinitos futuros que sucedían el cruce de la primera palabra, y no era favorable la estadística.

Giré a la izquierda, caminé y entré a mi casa.

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31 Diciembre 2005

Texto perdido 7: Brindis.


Habré pasado algo menos de diez minutos frente al agobiante vacío que despide la pantalla. Los silencios que se cuelan entre Paolo Fresu y Andrea Bocelli reclaman también. Incluso la mirada acusante de las estrellas reclama.

Cada vez que se cumplen ciclos acude a nos una fortuna mágica que nos indaga, pero también nos halaga. De los días se encargan los sueños. De los amores las lágrimas, que también poseen un secreto encanto. De las flores, los frutos. De los ríos, los mares. Y de los años. ¿Quién se encarga de los años?

Pues de los años se encargan todos. Tú que me lees, aunque ignores lo mucho que significas. Aquel que sonríe tras un sencillo ‘feliz año’, y que ilumina con su sonrisa. Los amigos que llaman, los que escriben y los que acuden. El espacio mismo, o mejor, el micro-espacio, que lee, escribe, envía besos y abrazos y, sobretodo, alegra. La luna que brilla, brindis en mano, y envía poetas a mejorar el mundo, escoba en mano. Los filósofos que andan sueltos, que compendian la vida para vivirla mejor. Los compendiadores que viven y arman torres de razones, 77 ya. Los lectores silenciosos que dejan huella en las frías estadísticas, pero que desprenden sonrisas cálidas, más de 28 países de origen. El dulce hecho chef. Arcoiris, que comparte sus colores con palabras. El pasado que cuenta historias y calla realidades, con lo que hace más feliz el presente. El futuro, todo un Sr., cuyo exquisito estilo no deja de impactarme. Los que se han ido, pero dejaron huella, Milena y desdelaluna. Los que se me escapan, pues aún no aprendo el oficio de compendiador, ni aún cuando compendio fortunas mágicas. Los que reaparecen, amigos que nunca dejan de serlo. El gato del tejado, cuyo estruendo me recuerda la existencia del mundo. Las constantes hadas, que me la hacen olvidar. Los que publican.

Ciclo hermoso si es cupulado, cada vez, por tan hermosas magias. Feliz 2006. ¡¡¡Salud!!! (Brindo con Martini).

Imágenes tomadas de Wilshire Restaurant | Casual Elegance in Santa Monica, California, City Art Gallery- Greenville- NC, landscape oil paintings, contemporary abstract paintings, italian landscape paintings, french landscapes, art glass, functional glass and stemware, bronze and marble sculpture, ceramics both porcelain and raku y Andrew Davidhazy

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22 Diciembre 2005

Texto perdido 6: Del 2003.


Hoy busqué en las sombras un eco lejano que me recordara tu nombre, y allí estaba.

Busqué también lienzo a lienzo en mi mente, y en todos te encontrabas.

Hoy senté las bases de un juego infinito, y tú eras cada regla.

Te seguí en cada línea, en cada rasgo, e invariablemente te conocía.

Hoy comprobé certeramente que de cada laberinto tú eres el inicio y el fin. Al igual que en mi.

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15 Diciembre 2005

texto perdido 5: Regreso.


Heme aquí, acornomtelando también los pensamientos.

Los oficios varios que suplantan al minutero han sido innumerables, aunque de importancia mínima. Alternar el aprendizaje de macramé y papirotecnia con el diseño de un logotipo y de una página web no parecen corresponder. Mi inercia intelectual rastrea mis pensamientos, y le embarga hasta las palabras.

Casi alcanzo una frase coherente cuando tropiezo con el fin de un párrafo. Casi logro una palabra justa cuando llega un. Casi logro hilar un idea.

Practico Sudoku casi a diario. Veo sin falta alguna edición matutina de algún noticiero internacional. Leo El tiempo y el New York Times. Camino por el centro de la ciudad. Transporto una mariposa en la mano. Conozco bellezas ocultas. Reconozco bellezas ocultas. Voy de compras con alguien a quien apenas conozco, y su madre. Invito a casa a mis compañeros de teatro. Confundo los días de la semana.

Extraño a La Coctelera, parece que volveré a escribir.

Extraño los ojos ignorados de Cinthya tras la pantalla.

Reviso mi correo-e. Aprendo nuevas recetas. Horneo galletas. Preparo caramelo de Arazá. Arreglo mi cuarto con escrupulosidad. Daño y reparo mi ordenador. Tejo en croché.

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29 Noviembre 2005

Texto perdido 4: Botánica 1.

Hoy sembré sonrisas en tu rostro
y germinaron sonrisas
brotaron palabras
vi florecer tres miradas
dispuestas en tirso
encontré muchas más en botón

09 de Noviembre de 2005.

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