Calles solitarias flanqueando mis pasos. Noche de silencios y otras apologías a la soledad.

Pasos incalculables delante, tantos otros detrás.

Acogido en el seno de mi amada Bogotá. Caminé tras la medianoche, tras la primera y tras la segunda hora. Acaso extinguíase la tercera. Vi los autos que luchaban por hacerse recuerdo, tan fugaces que apenas si alcanzaban a ser presente. Las calles ocultas, las lejanas, tras su vestido de neblina. Las cercanas, desnudas. O apenas ocultas tras la máscara gris de quien quisiera parecer de sobriedad absoluta. Tras el gris que oculta las alegrías que acoge, los pasos vivaces, las músicas diversas, los recuerdos hermosos.

Y las plantas. Los colores que luchan por romper el gris. Los verdes brillantes, y los claros, y los oscuros. Y las formas, y las hojas danzantes y las flores. Las flores romance o las flores recuerdo. Las flores vida y las flores sueño. Y ensueño. Las diversas. Las pentámeras violáceas de estambre geniculado, o simplemente la florecita morada que tanto me gusta. La florecita morada que tanto me gusta, o simplemente la pentámera violácea de estambre geniculado.

Las hojas que acarician el rostro cuando no acarician la brisa. La lluvia tenue que recuerda el frío. El frío que recuerda el cuerpo propio. Ese que camina lento para que no se acabe nunca el camino. Y recueda el vestido, ese que va de la boina gris a los zapatos negros pulidos. Ese del gaván oscuro, del pantalón de pana negro. Ese que que tiene un zapato embarrado, al borde. Ese impecable que se niega a usar paraguas y lo conserva cerrado, será por miedo al olvido.

La lluvia tenue que acaricia el cuerpo, y luego los pasos, y luego las calles.

Los infinitos momentos juegan a ser eternos, o infinitamente divisibles. La ciudad aprende rápido, también quiere ser infinita. No se conforma con las calles, además reclama que la vereda sea una y la vía otra. La acera tampoco es conforme, resaltan sus luces, ya desde faritos bajo los pasos, ya desde focos en los postes sobre las miradas. Resalta los pasos frescos que imprimen agua. Se elevan los kikuyos cortos bien podados, aunque se elevan más los cuidados arbustos, y más los árboles azarosos pero rectos.

Las ventanas recuerdan más historias...