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Hoy se me ocurrió una pregunta de tan difícil respuesta que me fue irresistible la redacción de un texto, solo para evitar responder con la verdad la próxima vez que me lo pregunten: ¿Qué haces en la vida?
Difícilmente lograré compendiar una respuesta sistemática, pero bien podría listar algunas cosas. Leo, y gusto de ello con un placer especial. Leo a Borges siempre entre libros, o entre capítulos o entre líneas. Para lo otro las restricciones son pocas, de autoayuda habré leído un libro, ejercicio que dudo repita; en más, no tengo prejuicios. Gustó así de las encíclicas religiosas (Deus caritas est, por ejemplo, que no dudo en recomendar) como de la literatura científica, en la que los temas biológicos me atraen particularmente.
También debo confesar mi debilidad por la música, la oigo con frecuencia, con más prejuicios que en la literatura pero con pocas reservas. Gusto especialmente de los sonidos argentinos (quizá por coincidencia, como de sus letras, aunque prefiero creer en parte por un afán romántico que las coincidencias no existen) mucho más que de los de distinto origen, aunque también aprendí a amar los colombianos gracias, en parte, a dos mujeres: Totó la momposina y Marta Gómez. No hace falta que confiese mi ignorancia en el tema musical, por lo cual me permito restringirme a 3 orígenes más, sin que a estos se restrinja realmente mi discoteca de favoritos: Brasil, Inglaterra y Yugoslavia.
Las actividades de un hombre feliz bien podrían restringirse a estas dos, añadiendo claro las actividades fundamentales para un hombre sano. Quizá para alimentar el ego, o quizá para desahogar las ideas, sin embargo, añado la rutina (la expresión es excesiva) de la escritura. Algunas veces solo garabateo un papel cuyo destino primero es el bote. Otras, cada vez menos frecuentes, dedico mis palabras, que extrañamente son bien recibidas casi siempre. Las más, escribo frente al ordenador. Esta es una tarea que empecé hace un tiempo, publicando a lectores azarosos. Los comentarios peligrosa y, muchas veces, injustamente benevolentes inflaron mi vanidad hasta hacerme publicar con alguna frecuencia durante un tiempo. Aunque quizá no fue la vanidad sino la necesidad de leer palabras tan hermosas y sencillas los que me lleva a publicar, a ver si arranco algún otro comentario.
Y eso es lo que hago, con omisiones muchas. Por lo demás, mi tiempo libre lo reparto entre el estudio de la biología (que es, de todas las tareas, la que más tiempo me requiere, no sin satisfacciones incontables y alegrías innombrables), la visita a museos y galerías (menos frecuente desde que inicié mis estudios universitarios), el ocio (me fue imposible etiquetar diferente el tiempo que gasto con mis amigos, tomando una cerveza, conociendo bares, viendo televisión; aunque la palabra es injusta) y la lectura de diarios, costumbre que me place aunque me es imposible sustentar la razón.
¿Y tú, qué haces en la vida?

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Cynthia dijo
Miguel... Miguel... sabes que tu nombre suena como a chocolate derritiéndose en la boca?
¿Seguimos siendo hermanos a pesar de la distancia y del silencio?
Hace días que mi corazón me grita tu nombre y yo sin darme el tiempo para escribirlo aquí...
Ahora vine y dejo besos, ojalá regresen con tus noticias
26 Octubre 2006 | 04:32 AM